Por supuesto, la virtud de querer seguir aprendiendo y creciendo cada día, pero eso creo que todos los que pertenecemos a SIODEC lo tenemos

Por supuesto, la virtud de querer seguir aprendiendo y creciendo cada día, pero eso creo que todos los que pertenecemos a SIODEC lo tenemos

Entrevista con Marta Cabranes, Fellow de SIODEC, óptico-optometrista.

¿Cuál fue su principal motivación para entrar en el mundo de la óptica-optometría?

Si soy sincera, quería estudiar algo relacionado con la salud, pero no conocía a nadie del mundo de la óptica-optometría. A la hora de elegir carrera, puse esa opción y entré en la Universidad Complutense, pensé que era una buena elección porque era una carrera corta. ¡Qué equivocada estaba! Con el tiempo me apasionó tanto la optometría que han pasado más de 30 años y continúo estudiando y aprendiendo cada día.

Usted ha podido realizar estancias en hospitales y clínicas prestigiosas de optometría en EEUU. ¿Existen diferencias notables entre el desarrollo de la disciplina en EEUU y en España?

Cuando estuve por primera vez en Boston, en San Diego y en Los Ángeles, todo me parecía impresionante y no tenía nada que ver con la optometría que hacíamos en España. Había realizado el Master COI y gracias a ello pude entender que existía la optometría comportamental y la terapia visual. Con la ayuda de Marisol García Rubio y la Dra. Pilar Plou, me embarqué en la aventura de ir a EEUU junto con mi compañera Pilar Vergara. Las dos fuimos con el objetivo de aprender nuevas disciplinas, para poder traer a España todos los conocimientos para enseñarlos y así hacer que nuestra profesión fuese creciendo. 

Pude estar en prestigiosas consultas como la del Dr. Robert Sanet y el Dr. Carl Hillier, en la consulta del ya fallecido Dr. Donald Getz y su socio Dr. Gary Etting. A todos ellos les agradezco su amabilidad y su acogimiento tanto en sus casas, como en sus consultas. Me impresionó muchísimo poder asistir a consultas en el hospital de Rehabilitación en San Diego y ver cómo tenían integrada la rehabilitación de pacientes con traumatismos, con diferentes profesionales, lo mismo tenían una resonancia, como una cita con el psicólogo, con el neurólogo o con el optometrista.

Hoy en día estas diferencias ya no son tan grandes, hemos ido creciendo y formándonos en la optometría comportamental y cada vez somos más los que trabajamos en esta disciplina, aunque todavía nos queda por avanzar en poder trabajar de una manera multidisciplinar.

Usted es uno de los Fellow de primera generación de SIODEC. ¿Qué supuso para Vd. pasar el proceso de Fellow?

Me supuso al principio muchos nervios y un gran sentido de responsabilidad, me hizo autoexaminarme recordando y reorganizando, no solo la teoría sino toda mi experiencia clínica, me hizo abrir la mente y testar mis puntos fuertes y los no tan fuertes para superarlos.

Y, una vez pasado este proceso, ¿Qué le ha aportado a nivel personal y profesional?

Me ha aportado mucha satisfacción a nivel personal y a nivel profesional, es un premio que me he dado a mi misma. Es el reconocimiento al esfuerzo de tantos años trabajando en esta disciplina.

Vd. es una de las mentoras de SIODEC y anualmente apoya a decenas de personas que emprenden el proceso de Socio Clínico. Si tuviera que analizar los casos que ha mentorizado en los últimos años, ¿qué conclusiones compartiría con nosotros?

Resaltaría la ilusión de los optometristas por crecer como profesionales y la satisfacción una vez que han pasado el proceso.

El proceso de Socio Clínico ayuda a los profesionales a demostrarse a sí mismos sus conocimientos y también les ayuda a aprender, a cuestionar sus decisiones y su proceder con los pacientes.

Como mentora de SIODEC, ¿qué cualidades destacaría que son esenciales para poder desempeñar esta función?

Lo primero, que te apasione tu profesión, además, que te guste enseñar y compartir tus conocimientos para ayudar a que otros optometristas crezcan y se posicionen más alto.

¿Qué mensaje le daría a todos aquellos socios generales que todavía no han dado el paso para convertirse en socios clínicos?

Les animaría a pasar el proceso porque en primer lugar, es un crecimiento tanto personal como profesional y además reciben la certificación de Socio Clínico, con el sello de Excelencia Profesional. Es importante que nos concienciemos todos de que debemos darnos a conocer como un colectivo cada vez más preparado, para ayudar a más personas que necesiten nuestra disciplina.

En su ponencia durante el 7º Congreso Internacional de Optometría Comportamental y Terapia Visual va a presentar junto con Jessica García, Socia Clínica de SIODEC, un caso clínico. ¿Nos puede desarrollar un poco más a fondo en qué consiste este caso y por qué merece una especial atención?

Creo que merece una especial atención ya que es un caso sencillo, pero muy bien expuesto y explicado, para hacer ver a los socios que tan solo hay que exponer tu manera de trabajar. En este caso Jessica escogió un problema acomodativo, que llevaba asociado problemas de rendimiento escolar. Además seleccioné este caso porque Jessica utilizó una de mis herramientas favoritas, La Estrella de Van Orden, que utilizo siempre en mis diagnósticos y en mis seguimiento del tratamiento.

Además de ser optometrista, usted es la fundadora y directora de un centro clínico propio. ¿Se requieren habilidades especiales para ser director de un centro?

Lo primero que se necesita es amor por la profesión e ilusión por la optometría, y después,  tener espíritu de crecimiento, sacrificio, trabajar duro, ser capaz de resolver problemas no solo optométricos sino de empresa, ser carismático, tener habilidades como la resiliencia, la fortaleza, la empatía, la tolerancia, la flexibilidad, buenas habilidades sociales, todo esto es fundamental para dirigir un centro de optometría.

¿Qué es lo que más valora de su trabajo y de la disciplina?

Hay dos partes fundamentales en mi trabajo que valoro, la primera es poder ayudar a muchos pacientes, en su mayoría con necesidades especiales, que no han tenido la oportunidad de seguir avanzando en su desarrollo visual, y que a veces con pequeñas ayudas dan grandes cambios, así como muchos otros que con un buen programa de terapia visual desarrollan las herramientas necesarias para dar un cambio fundamental para su vida futura. 

También valoro mucho poder dedicarme a la formación de optometristas que están empezando o que simplemente quieren seguir creciendo. Para mí es un privilegio poder transmitir y difundir la Terapia Visual Comportamental.

¿Qué virtudes cree usted que son las mejores que puede tener un profesional de su campo a la hora de llevar a cabo su trabajo?

Hay muchas, destacaría la honestidad profesional por encima de todo, luego es muy importante la ilusión, las ganas de ayudar, saber escuchar, acompañar al paciente, sonreír, ser amable, creativo… Por supuesto, la virtud de querer seguir aprendiendo y creciendo cada día, pero eso creo que todos los que pertenecemos a SIODEC lo tenemos.

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